lunes, 17 de julio de 2017

¿Por qué te desalientas?  
Dice: Santiago 1:8
“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.”
Hay muchos factores que pueden conducir a una persona a la derrota, a desfallecer, ninguno tan poderoso como el desánimo, decaimiento o el desaliento, aquel estado físico, emocional y espiritual, en que la persona se rinde, porque piensa que no puede más.
Para entender cómo se conjugan estos tres aspectos en la vida de una persona, debemos partir del diseño de la persona humana.  Dios nos hizo, espíritu, alma y cuerpo, y este desfallecer, se aplica en estas tres dimensiones del ser.
El decaimiento, podemos relacionarlo con el cuerpo, que es el desfallecimiento físico, provocado por el cansancio, el agotamiento o incluso una enfermedad, que puede consumir las fuerzas y el vigor de una persona.
El desánimo, con parte emocional, Des (sin) Anima (alma) vida, la persona se siente totalmente desmotivada, apocada, menguada en su fortaleza emocional, algunos llegan a declarar, que se sienten, sin ganas de vivir.
El desaliento, se relaciona con la parte espiritual, porque la escritura menciona que Dios sopla en su creatura, aliento de vida, haciendo referencia al espíritu. Dice el salmo 23, “Su vara y cayado me infundirán aliento”, luego, si una persona apaga su espíritu, es como si se quedara sin vida espiritual.
Con esto, quiero ilustrarte, que tenemos una gran responsabilidad en cultivar una vida con salud integral, eso depende de nosotros, de nadie más; por supuesto Dios nos da la fuerza, el poder, la unción, pero está en nosotros dejarle actuar en las tres dimensiones de nuestro ser.
Una de las situaciones más dolorosas que te vivido como líder espiritual, fue el deceso de una discípula misionera a quien le luché hasta el último momento, para que diera la pelea, pero ella solo me decía estoy cansada, no puedo más.  Y finalmente se rindió.
Yo tenía toda la fe para creer que Dios le podía levantar de ese lecho de enfermedad, pero de sus labios solo salía una expresión, estoy cansada, y ya no quiero luchar, dejó que el decaimiento, el desánimo y el desaliento, tomaran el control.
Recuerdas, a los príncipes de Israel, que fueron comisionados por Moisés para ir a inspeccionar la tierra prometida; el pueblo estaba en vilo, esperando que buenas noticias trajeran. ¿Pero qué fue lo que hicieron estos príncipes?
Desalentaron al pueblo con un informe donde desacreditaban aquel país, dando un informe negativo y cuestionando la fidelidad de Dios con su pueblo.  En lugar de alentar, desalentaron al pueblo, y esto les costó su ingreso a la tierra prometida.
Por supuesto, que si una persona esta decaída, desanimada o desalentada, estamos llamados a alentar, infundirle ese ánimo y aliento que necesita; a estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras.
Solo que nadie puede dar de lo que no tiene; solo la vida ´produce vida; y si se trata de infundir aliento, solo aquel que esté lleno del aliento de Dios, de su E.S, puede transmitir, comunicar, infundir o inyectar ese aliento a otros.
¿Por qué te desalientas? Por las actitudes de las personas, por los problemas, por las circunstancias? Recuerda, que s personas y las circunstancias nos afectan tanto como lo permitimos.

Por eso no te canses hasta desmayar, soporta las aflicciones como buen soldado de Jesucristo; Dios no te ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio.  Cuida tu vida espiritual, emocional y física, y deja que él te llene de su amor, y te infunda su aliento.

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