martes, 27 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 25 DE 2015

“Enemistarse con el vecino es una tontería;
el hombre sensato refrena su lengua.”
Proverbios 11:12

¿En qué se han convertido las cumbres de los presidentes de las naciones? En lanzarse todo tipo de acusaciones, señalamientos, improperios, ofensas, afrentas.  Y si esto sucede en los recintos donde se reúnen los más altos dignatarios de un país, ¿Qué puede esperarse de otros escenarios donde se mueve la gente del común?

Decir la verdad, dar una opinión, formular una idea, observar sobre una propuesta desde la posición y percepción respetable de cada quien, puede hacerse sin tener que atacar u ofender a un homologo.  Estar en desacuerdo no es estar en contra; sin embargo, una mesa de negociación se convierte es un escenario de hostilidades.

Las enemistades solo contribuyen a generar tensiones y fricciones, confusión y malestar; solo sirven para alimentar odios, rencores, rencillas; y en ese sentido, es caer reiteradamente, en uno de los errores históricos que han cometido los dirigentes a lo largo de los siglos, y es alimentar odios y rencores.

Esta es constante desconcertante de los pueblos, enemistarse con el vecino o los vecinos, lo cual solo sirve para crear barreras entre los países y sus gentes; se forman bandos o divisiones, lo que a la postre solo genera crisis y conflictos, pero no soluciones ni avances; y esto es observable en el mapa de la geopolítica mundial.

Y para hacer la situación más crítica, participan de ese juego, los medios de comunicación y agencias de prensa que no reparan en darle protagonismo y difusión a las “bocanadas” y “tonterías”, que desborda en forma incendiaria e irresponsable un dirigente insensato que no es capaz de refrenar su lengua.

Las relaciones diplomáticas contribuyen a que las naciones respeten su soberanía y ayudan a que se facilite la integración entre las naciones para el desarrollo de proyectos globales; pero deben crearse las condiciones de amistad, confianza, y respeto para que estas iniciativas prosperen.

El fenómeno social de las enemistades, también se hace presente en otros niveles de la sociedad, comenzando por las familias, quienes cual “Capuletos y Montescos”, viven su propia tragedia Shakespeariana, reviviendo las diferencias entre familias, y alimentado los odios y rencores que invariablemente, tienen desenlaces lamentables.

Por supuesto que no estamos en contra de la libertad de prensa, de la libre expresión; ni tenemos que aceptar positivamente, y mucho menos, no prestar atención o darle importancia a lo que es violatorio de la ley, los derechos, las libertades humanas, lo que atenta contra la dignidad de las personas o su integridad físicas.

Pero hay que distinguir entre un sano ejercicio de la política y la costumbre malsana del radicalismo, la politiquería, el populismo y el caudillismo que solo conducen a las enemistades entre los pueblos; y en este caso, la importancia de un registro ecuánime y ponderado de los hechos noticioso por parte de los medios de comunicación.


Sin abandonar las convicciones personales, debemos hacer un esfuerzo en conjunto, las diferentes fuerzas vivas, los diversos actores sociales para superar la barrera divisorias, los “muros de Berlín” y trabajar en equipo, como un solo hombre, para sacar adelante proyectos que propenden por el bien general y común.

viernes, 23 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 24 DE 2015

“La buena influencia de los ciudadanos justos hace
Prosperara la ciudad; pero la decadencia moral de
Los malvados la lleva cuesta abajo.”
Proverbios 11:11

Diferentes autores coinciden en afirmar que la humanidad está dividida en tres grupos: Una pequeña minoría de los que hacen que sucedan las cosas; los que ven las cosas que suceden, y una inmensa mayoría de aquellos, que  no tienen ni la más remota idea de lo que está sucediendo. Los que hacen sucedan las cosas, son los líderes.

Los líderes ejercen influencia en sus seguidores o colaboradores, y esta capacidad los orienta a la acción y al progreso.  La buena influencia hace progresar, pero la decadencia moral nos lleva cuesta abajo, como hemos leído en el precepto.  Frente a las situaciones de la vida moderna debemos preguntarnos:

¿Vamos a permitir que las acciones negativas de unos pocos afecten a la mayoría? ¿Qué impide que apoyemos las buenas acciones de unos pocos que benefician a la mayoría? Infortunadamente se le hace más publicidad a las acciones negativas que a las positivas y la gente cree que son menos las acciones buenas que las malas.

En el tema del liderazgo, debemos reconocer que un líder es una persona con la capacidad de influir a otros para el logro de un fin. Mientras que liderazgo es el proceso que convoca acciones de grupo o de equipo hacia el logro de un propósito en común, por supuesto, comandado este equipo por un líder.

El impacto que se consiga depende de la influencia que se ejerza, sea ésta, positiva o negativa, centrada en principios y valores o no.  Si un liderazgo está basado en principios y valores, podríamos afirmar que en tanto la influencia, el proceso que se adelanta y el impacto social que se logre, son positivos y así serán los resultados que se obtengan.

Si un proceso de liderazgo es ajeno a los principios y valores; si los lideres no ejercen su ejercicio en forma ejemplar, seguramente su tendencia es hacia la decadencia y al deterioro social, que ha llevado  a las gentes a ser condescendientes y complacientes con la corrupción, con costumbres viciadas, con la doble moral.  

Una forma sencilla de acabar con la corrupción es dejar a los corruptos solos, no seguirlos ni acompañarlos en sus propósitos.  Pero, si las personas les siguen el juego, si se prestan para ser “tontos útiles”, ellos van a continuar en sus andanzas y haciendo de las suyas, de frente o tras bambalinas.  Ellos solos no pueden hacer nada, necesitan quien les secunde; para bailar se necesitan de dos.

Construir un proyecto de vida personal, familiar, social, empresarial, demanda estar fundamentados en principios y valores, que garantizaran la rectitud de las acciones.  Sin cimientos sólidos no existirá ninguna garantía de éxito en las acciones que se emprendan, ni se le dará continuidad y trascendencia a los procesos de liderazgo.

Debemos ser parte de la solución y no del problema; y para conseguirlo es necesario impedir que las acciones negativas de unos pocos afecten a la mayoría.  El cambio se inicia cuando cada ciudadano toma la decisión de no prestarse para la corrupción, sino denunciarla. Los pueblos tienen los gobernantes que se merecen.







jueves, 22 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 23 DE 2015

“La ciudad entera celebra el éxito del hombre
Bueno e igualmente la muerte del impío.”
Proverbios 11:10

Definitivamente el tema de la muerte es muy complejo, y sería atrevido invitar a celebrar cuando alguien muere, así en vida, haya sido el más terrible y perverso de los impíos; porque en todo caso, para alguien pudo ser una persona querida o estimada.  Aunque algunos, sin duda sentirán algún tipo de alivio.

Sin embargo hay un tipo de muerte que puede resultar mucho mas benéfica para un país, que la muerte física, y es la muerte política, que está dentro de los términos de la ley, y según el régimen de incompatibilidades e inhabilidades, para acceder a cargos de elección popular; y en algunos casos, según un orden ético, a cargos públicos.

La muerte política, que a propósito, no es que mueran los políticos, ni sean dañados en su integridad física; sino que dejen de tener una vida pública nacional; que sean impedidos de ejercer el noble derecho de ser elegidos, debido a que no estuvieron a la altura de la investidura que se le otorgó.

Quienes al juzgar por sus hechos, se hallan evidencias que han traicionado la fe y confianza de un pueblo, de sus electores, violando la ley y burlándose del país, de la democracia, siendo negligentes, incompetentes, y que no han sabido corresponder con responsabilidad a la dignidad conferida.

En ese sentido, la muerte política es necesaria, y por ningún motivo esto debe perderse; además que resulta tan inaudito absolver a un corrupto, como a cualquier delincuente que haya cometido un crimen contra la sociedad. El problema es que la culpa es compartida, ya que está quien paga por la peca, como quien peca por la paga.

¿Es posible que una persona experimente una autentica conversión y se convierta en un hombre nuevo y abandone sus antigua practicas? Por supuesto que si, pero debe dar muestras de ello,  Esto no significa que se absuelto o no responda por sus acciones al margen de la ley.  Quien reclama derechos, debe cumplir sus deberes.

Por supuesto, que no son pocos los casos de personas que habiendo vivido perdidamente, le dieron una re orientación a su vida, dejaron su antigua manera de vivir, para convertirse en personas de bien.  En este sentido, la sociedad debe brindar la posibilidad de integrarse a una dinámica ética y responsable, a quien dé muestras de cambio.

Lo contradictorio está en cambiar, acomodar, o corromper la ley para absolver impunemente a una persona, que a cambio de dársele tratos preferenciales, se le debe aplicar todo el peso de la ley, como una medida ejemplarizante para aquellos que siguen creyendo en los manejos oscuros, y en el tráfico de influencias.

Siempre es grato celebrar, como es el caso del hombre de bien que a base de esfuerzo, disciplina, trabajo y honestidad se forja su propio progreso.  Pero, como celebrar el triunfo de una persona que lo ha conseguido a base de mentiras, engaños y comprando conciencias.  Aquellos que a motu proprio, están cavando su propia fosa.

Lamentablemente en muchos casos, no se juzga a un hombre solo por sus hechos, sino por las acciones de quienes lo asesoran o rodean; es el caso de dirigentes que cuentan con asesores que se aprovechan de su ingenuidad o ignorancia. En todo caso, quien tiene la autoridad, tiene la responsabilidad y debe dar cuenta de sus actos.



miércoles, 21 de enero de 2015

REFLEXION ENERO 22 DE 2015

“De nada sirven las riquezas en el día del juicio,
Entonces solo valdrá la rectitud.”
Proverbios 11:4

El dinero no lo compra todo, como algunos contrariamente creen; resulta útil para adquirir muchas posesiones materiales, pero no compra una buena reputación, una buena imagen, un buen nombre ni un prestigio.  El dinero compra bienes materiales pero no los bienes espirituales.

Esa ha sido la realidad a la que se han enfrentando muchos delincuentes, que a pesar de sus millonarias posesiones y capitales económicos, no han logrado una aceptación social y mucho menos una validación; si bien han gozado de una relativa solvencia económica, han carecida de una absoluta solvencia moral.

Y aunque la sociedad sanciona su conducta moral, ya sea por el rechazo social o por la vía legal, no siempre se hace justicia; y esto obedece a los innumerables casos de corrupción o de amedrentamiento que se aplica a quienes juzgan y ejercen su función sin ética, quedando las acciones delictivas en la impunidad.

Sin embargo hay una justicia que va mas allá de la justicia humana, a la cual todas las personas, un día tendremos que rendir cuentas; hay una ley de la cual no hay escape, se crea en ella o no; y por el hecho de negarla no por eso se invalida, la ley de Dios.  Si bien el hombre puede ser burlado, Dios no, y lo que uno siembra, eso cosecha.

El día del juicio le llega a toda persona. Aquellos que se gozan de su “cuarto de hora”, ignoran, que éstos pasan y llega el  momento de rendir cuentas, de ser sometidos al examen social y para el caso del dinero, éste no será suficiente para borrar un comportamiento.  Habrá quien envolate un expediente, pero no podrá borrar el pasado.

Una vez que una persona le ha fallado a la sociedad, así pague por sus pecados o delitos, no será fácil que borre de la memoria social su antecedente, y lo más importante, que goce de una buena reputación, confianza o aceptación.  Tendrá que hacer un gran esfuerzo para ganarse aquello que una vez perdió.

La mejor carta de presentación de una persona es su honestidad, la rectitud en su proceder.  Una persona íntegra es quien no falla a la palabra ni falta a la promesa; quien pacta y cumple sus compromisos con los demás.  Hay quienes no tienen como pagar una defensa, sin embargo su mejor defensa es su honorabilidad.

Como dice el precepto, “mejor es la buena fama que las piedras preciosas.”  Una buena reputación, un buen nombre, no se compra, sino que se forja día a día, con el riesgo que aquello que se ha construido a lo largo de toda la vida, se puede destruir con una sola acción equivocada.

Hay  miles de personas que hoy en día viven arrepentidos por una decisión equivocada que un día tomaron y que les costó su libertad, felicidad, la armonía de su familia, su paz espiritual.  Si pudieran volver atrás y tomar la decisión correcta, ni siquiera lo pensarían.  El asunto es que el pasado no se puede cambiar, pero si remediar.

Muchos de dejan impresionar por los lujos o riquezas materiales de quienes las poseen, (así sean de dudosa procedencia) Esto no debe ser así; porque las personas verdaderamente admirables, son aquellas que a base de esfuerzo y a un pulso de integridad y honorabilidad se han forjado un respeto y un buen nombre.

Quienes consiguieron bienes por medios ilícitos, no solo los perdieron, sino que dejaron manchado el nombre de su familia. Al final de nuestra vida, cuando hayamos logrado muchas cosechas, y lleguemos a nuestro destino último, el más grande legado que podamos dejar es un buen nombre y una dignidad familiar.



martes, 20 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 21 DE 2015

“La reverencia hacia Dios añade horas al día. 
En cambio, ¿Cómo puede el malo esperar una
Vida larga y próspera?”
Proverbios 10:27

Reza el brindo hebreo, “a la vida”, lo cual no significa añadirle años a la vida, sino vida a los años.  Para muchas personas la vida no es más que molestia y trabajo, y no le encuentran sentido al afán, la ansiedad y angustia con que viven cada día.  Si queremos que la vida nos cambie, debemos comenzar por cambiar nosotros.

El problema del que muchos no se han percatado, es que la vida siendo bella, es corta y única.  Una sola vida tenemos y sino la aprovechamos mientras tengamos la oportunidad, ya luego no habrá chance de hacerlo.   El tiempo seguirá su curso, y vendrán días, en los cuales ya no hallaremos en ellos contentamiento.

Muchos piensan que la vida es como en algunos deportes, que existe la posibilidad de hacer una pausa, “parar el reloj” o si al final del juego, hizo falta tiempo, se contar con un tiempo suplementario.  Pero con la vida no es así, no existen prórrogas ni reelecciones como suele sucede en el campo de la política.

Dice el precepto, “¿cómo puede el malo esperar una vida larga y próspera?” Con que desfachatez y descaro una persona sigue pidiendo oportunidades si hasta el momento no ha hecho ningún mérito de tenerla.  Similar al mal gobernante, que a pesar de su mala gestión insiste en ser reelegido.

Y lo más irónico, es que se le vuelve a dar, porque las personas sufren amnesia colectiva.  Basta un poco de distracción, entretenimiento y una buena dosis de populismo, y las personas, más como entes que como gentes, como si tuvieran anestesiada la conciencia, vuelven a dar el respaldo alcahueta al mal dirigente.

Cuando se comienza el día, como Dios manda; cuando una persona se encomienda y se comprometer a hacer lo bueno y lo justo, delante de los ojos de Dios y de los hombres, las cosas le salen mucho mejor de lo que lo ha pensado o imaginado.  El día deja de ser rutinario y común,  y se vuelve productivo y rendidor.

Hay personas que no necesitan mucho tiempo para demostrar su capacidad y efectividad.  Y visto desde otro ángulo, hay otros que no necesitan mucho tiempo para demostrar su negligencia e irresponsabilidad. Están aquellos que con poco hacen mucho y aquellos que con mucho no hacen nada.

Si una persona no hace nada en tres años, ¿Cómo premiarlo con otros tres? Tampoco se trata de promover la mentalidad de mediocridad, que “más vale malo conocido que bueno por conocer.” En últimas, ni siquiera es la persona lo que no sirve, sino el sistema que representa.

Históricamente, se ha visto que hombres y mujeres que han hecho un valioso aporte a la humanidad, no necesitaron de una vida muy larga para hacer el bien, curiosamente muchos murieron jóvenes, o les fue arrebatada la vida por gentes en desacuerdo con sus acciones.  Sin embargo sus años de vida fueron suficientes para trascender.




REFLEXIÓN ENERO 20 DE 2015

“A los justos, lo que desean les será dado.”
Proverbios 10:24b

En la vida hay dos tipos de personas, los que ganan y los que pierden; los que alcanzan sus metas y los que no las alcanzan. Los que luchan por salir adelante y los que se conforman con lo que tienen. A propósito, para ganar o salir adelante, no necesariamente es ser mejor que los demás, sino ser cada vez mejor respecto de sí mismo.

Gana quien logra sus metas, quien se supera, pero también quien obtiene aquello que anhela y desea.  El éxito es un logro alcanzado, un sueño cumplido.  Una manera de saber si el éxito realmente le ha servido a la persona, es evaluar si al lograr sus metas, tiene una mejor calidad de vida y calidez como persona.

El la practica el asunto no es solo llegar, sino mantenerse. ¿Cuántos han logrado llegar a la meta pero no se han sostenido? ¿Cuántos han subido como palma y bajado como coco? ¿Cuántos han entrado por la puerta grande, pero han salido por la puerta chica? ¿Cuántos han pasado de héroes a villanos?

¿Cuál es la clave que pone a prueba si una persona es un verdadero ganador o si por el contrario su éxito es fortuito y pasajero? ¿Si su gloria es como la flor que a la mañana florece pero a la tarde se marchita, una belleza que dura solo un día? ¿Cuál es el secreto para que una persona no lo obnubile el éxito y siga siendo exitoso?

El carácter es el pasaporte al éxito. No basta con aspirar al éxito, debemos estar en capacidad de alcanzarlo y sobrellevarlo y esto demanda madurez de carácter.  Esto se demuestra en la coherencia de las acciones, en la capacidad de soportar las pruebas, en la decencia y respeto que demuestra hacia las demás personas.

No existe una equivocación mayor que intentar obtener un objetivo por medios ilícitos o atropellando a las personas; quien acude al engaño, el truco, la trampa, a la postre se recibirá la recompensa de lo que ha sembrado.  Que sorpresa, cuando sale a la luz las acciones de aquellos que actuaron en oculto.

Aquellos que fueron respetados y admirados como honorables, pero que el tiempo se encargó de develar sus hechos, y demostrar lo contrario de su vida secreta al ser comparadas con su vida pública.  ¿Para quienes son los deseos cumplidos? ¿A quienes se les concede lo que desean? A las personas de bien, integras en su forma de ser.
Ya es tiempo de romper con aquellas creencias erróneas que tanto daño le han causado a la sociedad, “no es posible ser honesto y tener dinero.”  Tampoco es cierto, “pobre pero honrado.”  Si es posible ser honestos y que nos vaya bien en los negocios.  A los justos lo que desean le será dado; quienes no lo son, lo que tienen, le será quitado


REFLEXIÓN ENERO 19 DE 2015

“No hables tanto; continuamente te pones en ridículo;
Se inteligente, deja la habladuría.”
Proverbios 10:19

¿Cuántas veces por hablar más de la cuenta, se dice algo que nunca debió haberse dicho? Se debe lo que no debe decirse y a quien no se debe decir, y en el lugar y momento equivocado.  Y todo obedece a una sola razón, hablar sin un sentido de responsabilidad y prudencia; sin medir el impacto que pueden causar las palabras.

Quien habla más de la cuenta, no solo se está exponiendo al ridículo, sino a quedarse solo.  Porque, ¿ quien le confiaría algo importante a una persona que no controla su lengua? ¿Quién resiste a una persona que no hace sino hablar, pero no escuchar? Los mejores comunicadores se ocupan más de escuchar que de hablar.

El progreso tiene que ver con el habla.  ¡Claro! Avanzamos, cuando hablamos menos ya hacemos más.  Decir las cosas es necesario, pero resulta imprescindible hacerlas.  El desarrollo social se cifra en menos palabras y más acciones; en cumplir más compromisos y no quedarse solo en promesas o buenas intenciones.

Incluso, hay personas que le dan tantas vueltas a una discusión, pero no resuelven nada; semejante a un corcho dando vueltas en un remolino de agua.  Discusiones bizantinas y desgastantes, que no conducen a ninguna solución, sino que distraen, desvían o alejan de una salida viable.

Concreción, compromiso y cumplimiento, deberían ser las franjas de la bandera de todo líder; éstas deberían ser las credenciales de todo dirigente; de todo agente de cambio; aquellos que se han decidido ser parte de la solución y no del problema; que han entendido que quien habla menos, hace mas.

Ni siquiera el Santo Dios del Cielo, está interesado en escuchar oraciones larguísimas, pero sin contenido ni esencia.  Que equivocadas están aquellos que creen que por sus vana palabrería o repeticiones serán escuchados, ellos ya tienen su recompensa; el sentirse de orgullosos de lo que hacen.

Se ve y se oye ridículo, aquel que habla mucho y obra poco; semejante al ebrio que dice disparates, y actúa descoordinado; en su caso, por estar bajo ese efecto alucinante del alcohol; el que mucho habla, está bajo el efecto de parloteo y desenfreno de su lengua, sin entender muchas veces, ni lo que habla o afirma.

Siga el consejo Salomónico; sea inteligente y deje la habladuría, el blablismo.  Hablar mucho y hacer poco no sirve para nada. Solo para desinformar, desanimar, desalentar.  Los contadores de historias son como encantadores de serpientes, que crean confusión y engaño.  La habladuría se alimenta del rumor, el chisme, la especulación.

Como oidor de un hablador, no se preste para el chisme, para el comentario de pasillo ni corrillo; ni para la última chiva que circula por las redes sociales.  El chismoso ignora que la vara con que mide será medido, y que todo aquello que el hombre siembra, cosecha. Así es la vida, todo lo que uno hace, se le devuelve, para bien o para mal.

Este es un llamado a la prudencia, al recato, al respeto al prójimo y su intimidad. Cuanto se pierde la confianza y el respeto,  se rompen las relaciones ya que las malas conversaciones dañan las buenas costumbres.  El chisme es como una mordedura de serpiente, si quiere evitar ser mordido, lo mejor es alejarse del chismoso.





REFLEXION ENERO 18 DE 2015

“Quien está dispuesto a recibir corrección está en el
Camino de la vida, el que la rechaza ha perdido la
 oportunidad.”
Proverbios 10:17

Dice en otro proverbio, “eres de baja calidad, sino soportas la corrección.”  Una de las situaciones que menos nos gustan, pero que más necesitamos, es que se nos corrija.  El asunto está en admitir y apreciar que es mejor recibir una corrección que nos evite caer, a una corrección por haber caído.

Existe una diferencia entre ser corregido a ser criticado.  Las criticas, así se digan que son “constructivas”, siguen siendo molestas; y lo son mas, dependiendo de la forma como se digan.  Las criticas son poco útiles, cuando se centran en la conducta negativa, el error o el acto fallido,, y no en reforzar una conducta positiva.

Quien corrige no critica; y esto es perceptible, ya que la demuestra con su actitud una genuina intención de ofrecer ayuda y brindar apoyo a la persona que lo necesita de esa corrección.  En este sentido, la corrección no es algo impositivo sino propositivo, se enfoca en la solución más que en el problema.

Impedir la corrección es perderse la oportunidad de ser mejor persona, de reparar aquello que hemos dañado, de crecer y evolucionar como individuos; es una colegiatura que debemos cursar, para abandonar actitudes y conductas incorrectas, practicas negativas y formas erróneas de vivir.

Para recibir la corrección debemos estar dispuestos a dejar todo tipo de susceptibilidad o prevención; de lo contrario cualquier observación que se nos haga, o aviso de lo que se nos advierta lo vamos a tomar como una amenaza o una agresión personal y vamos a responder con enojo o irascibilidad.

Una persona puede defender su posición, pero también debe tener disposición a considerar las opiniones de otros.  Quien no se abre al cambio, se está cerrando la puerta que le conduce al cambio, al mejoramiento, al progreso.  Al menos debe considerar lo que se le está diciendo, antes de descartarlo o dejarlo de lado.

Ahora bien, las personas que nos hacen ver las fallas que estamos cometiendo, deben dar ejemplo con su propia vida; no tiene sentido que alguien nos exija algo que ellos mismos no lo hacen; pero independiente de las actitudes de los demás, los cambios y mejoras son una decisión y responsabilidad personal.

Es importante incorporar en la planeación personal aquellas áreas de atención en las cuales debemos hacer ajustes y correctivos.  De la manera que nos establecemos objetivos y metas relacionadas con hacer y tener; debemos enfocarnos en el ser.  La meta más elevada de todo ser humano, es ser mejor persona.

La vida siempre nos ofrecerá una segunda oportunidad para corregir aquello que en el pasado o en el presente no hicimos bien, pero que en el futuro lo podemos hacer mejor; hacerlo correctamente.  Estas son las oportunidades que no podemos perder ni dejar ir, porque se presentan una vez y tal vez no habrá una segunda oportunidad.







REFLEXION ENERO 17 DE 2015

“La ganancia mal adquirida no produce felicidad duradera;
 la vida honrada si.”
Proverbios 10:2

La ganancia es la utilidad o remuneración a su trabajo; es la recompensa para el provecho personal por ofrecer a otros bienes y servicios que representa beneficios; el pago de hacer bien a otros y no mal; de llevar provecho y no aprovecharse de los demás, por obtener un bien personal.

La ganancia es lícita, legitima y legal cuando se obtiene por la vía del trabajo honesto y veraz; cuando no causa perjuicio a nadie.  El problema de la sociedad está tanto en los fines como en los medios que usan para obtener ganancias; lo que se origina en una visión equivocada del trabajo.

Bien dicen los abuelos, “la plata mal habida como bien se va.” Lo que muchos ignoran, que los malos manejos es como un rio crecido, que se desborda, arrastra y destruye todo aquello que se encuentra en el camino.  Muchos creen que el rio está calmo y resulta inofensivo, pero en cualquier momento, los sorprende la creciente.

Un factor de ruina incuestionable es el dinero mal habido o conseguido por medio ilícitos, como la trampa, el hurto, el engaño, la mentira. Quienes se acostumbran a nadar en estas aguas turbulentas, presumiendo de “buenos nadadores”, terminan ahogándose en las aguas traicioneras que ellos creen conocer.

Qué gran daño le ha causado al país y le sigue causando la cultura del narcotráfico, que trascendió a las fronteras y le vendió al mundo, que “Colombia es Coca”, olvidando la riqueza de un país rico en diversidad natural, pero lo más importante, el dolor y la desgracia de un pueblo que ha sufrido los efectos que causa este flagelo.

Una situación difícil de olvidar, al menos para los que nos resistimos a sufrir de amnesia colectiva, es un caso cercano con el que tuvimos que lidiar.  En una de las más prestigiosas universidades del país, un joven es secuestrado por la violencia común, pero es su mejor amigo, quien se aprovecha de esta situación para extorsionar a la familia.

No era él quien plagio al joven (su mejor amigo), pero sin ningún tipo de pudor o escrúpulo, se prestó para semejante fechoría.  Al ser descubierto, fue retirado de la universidad de manera ejemplarizante, terminando en la cárcel, siendo que era un joven inteligente, brillante, locuaz, con un futuro promisorio.

Ya muchos no se prestan para el ilícito, en ese sentido, el país ha ido madurando, y aunque el negocio del “dinero fácil”, que no es fácil, sigue tan campante, afortunadamente, hay un gran número de personas que lo piensan, antes de prestarse para ser mula, testaferro o convertirse en el tonto útil de un corrupto.

Créalo, nada hay más satisfactorio y seguro que saber que sus bienes, los ha conseguido con esfuerzo, trabajo y honestidad.  Nada es comparable con tener la conciencia limpia y disfrutar de un sueño tranquilo; no hay mejor recompensa para su labor, que la satisfacción y seguridad que le otorga hacer las cosas con integridad.

La mayoría de las personas que están en este mundo, son movidos o por la ambición o el desespero, y acuden a medios emergentes que los conducen a la desgracia.  Pasan de una crisis a otra; su vida es una tragicomedia de la vida real que supera a la ficción.  Pero muchos no quieren salir sino seguir en ese oscuro mundo.

Se engañan con el brillo ilusorio y engaño del oro, cuando su vida se va opacando y eclipsando.  Si estos argumentos no le terminan por convencer, entonces pregunte a los miles de casos de personas arrepentidas por lo que han hecho, quienes tomaron el camino equivocado y convirtieron su vida en una terrible pesadilla.

Apuéstele a la vida honrada, crea en  ello y ganará siempre.  Ya deje de vivir por vanas esperanzas que le conducen a la desgracia, tanto a usted como a los suyos.  Piense que su familia no merece esa vida a la que usted la está llevando, si a eso se le puede llamar vida.  Sea sabio, y gozará de una felicidad duradera.




REFLEXION ENERO 16 DE 2015

“Yo, la sabiduría haré más provechosas las horas de
Su día y los años de su vida más fructíferos.”
Proverbios 9:11

Sabio no es aquel que sabe más, sino aquel que ha aprendido a vivir. Sabio no es quien más ha vivido, sino quien mejor ha aprovechado cada año de su vida. ¿Cuántos están llenos de conocimientos vanos pero que nos sirven para ser productivos? En la práctica, lo que cuenta, es cuánto de lo que sabe, le ofrece una mejor calidad de vida.

Lo más triste, es que algunos (o tal vez muchos) “profesando ser sabios, se hacen necios.” A cuantos les pasó, que en épocas de estudio o de universidad, fueron grandes admiradores de sus profesores, aquellos sabios pensantes; para luego, volvérselos a encontrar llevando una vida sin propósito ni resultados.

Uno de los más reconocidos catedráticos de nuestra comarca, quien dictaba clases de filosofía, era admirado por sus estudiantes.  Sus clases eran de las más concurridas; se llenaban auditorios de estudiantes ávidos de aprender. Sin embargo, su vida personal, fue oscura y finalmente, el alcohol le ganó la batalla por la vida.

Rico no es el que más dinero tiene sino el que menos necesita.  Verdaderamente rico, es aquel que ha descubierto y desarrollado la más grande riqueza que posee un ser humano, la recursividad.  Los recursos son agotables, la recursividad es inagotable, y entre mas se ejercita, mas se desarrolla esta habilidad.

Hay personas con inmensas fortunas, pero con vidas pobres de afecto y vacío espiritual.  Toda la fortuna que puede acompañar a una persona, no es una compañía valiosa que pueda sustituir la riqueza de la familia o de los amigos, que es el más grande patrimonio que una persona pueda poseer.

Quien quiera aprender a vivir, debe abrir su mente y corazón a la sabiduría, las cual nos lleva saber qué y cómo hacer, para aprovechar el más valioso recurso que la vida nos ofrece, el tiempo. Aprovechar el tiempo nos permite tener horas bien invertidas, días provechosos, años fructíferos y productivos.

Al empezar y finalizar cada jornada diaria, semanal o mensual, incluso anual; debemos evaluar los logros alcanzados, el desempeño que hayamos tenido y el uso y aprovechamiento que le hayamos dado al tiempo.  Ojalá prevalezcan los “mas” sobre los “menos”, lo que significa un saldo a favor.

Si al hacer el balance, los “mas” superan a los “menos”, usted podrá concluir que fue un día, una semana, un mes o un año provechoso y productivo, bien invertido; si por el contrario, son los “menos” los que superan a los “mas”, esto indica que, infortunadamente, usted está desperdiciando su vida, tiempo, dinero y trabajo.

La sabiduría es una poderosa luz que ilumina desde lo alto a todos los hombres que quieran recibir sus beneficios; llega con su luz profunda e inunda las áreas más impenetrables de la vida.  Quien aprovecha mejor su tiempo, tendrá más posibilidades de disfrutar de una vida provechosa y fructífera.




REFLEXION ENERO 15 DE 2015

“Si alguien respeta a Dios y le teme, odiará  el mal,
Porque la sabiduría detesta el orgullo, la arrogancia,
la corrupción y el engaño de toda clase.”
Proverbios 8:13

Cada día son puestas a prueba nuestras convicciones; en cada situación de la vida, en el trato con las demás personas, en las ideas que comunicamos, las palabras que expresamos, las decisiones que tomamos, estamos dejando constancia de aquellos principios y valores que son la base de nuestras creencias y comportamientos.

Tanto en situaciones cotidianas, simples y convencionales, como en aquellas más complejas, menos comunes y más trascendentales. El compromiso de ser predecibles en nuestros actos y de hacer valer los principios que rigen nuestra vida, no el algo aleatorio ni depende de una circunstancia en particular.

No actuamos de una manera u otra, “dependiendo” de las situaciones o de las personas; sino que debemos ser coherentes y consistentes con aquellas convicciones que profesamos. Nada resulta tanto desconcertante, como decepcionante, que hallar a una persona que hace algo contrario a lo que profesa o predica.

La falta de madurez emocional o espiritual de una persona se demuestra en sus costumbres y prácticas.  Quien sigue haciendo de sus viejas prácticas y hábitos, cuestionados y devaluados, demuestra que ni ha madurado, ni evolucionado como persona, y por el contrario se ha quedado estancado en el tiempo y espacio.

Una de las formas típicas de conocer si los dirigentes han evolucionado o no es observarles en épocas de comicios electorales. Su falta de madurez se evidencia en el lamentable ejercicio de una continua politiquería, revestida de viejas prácticas y costumbres, que han sido el caldo de cultivo de la corrupción y el clientelismo.

El día de la votación, se convierte en el “día de la botazón”, ya que son miles de personas, que literalmente arrojan su voto a la basura, perdiendo la posibilidad de elegir un cambio. Aunque, a decir verdad, ¿Cuál cambio? Ya que en la mayoría de los casos, se cambian a unos por otros, pero las situaciones no cambian.

Bien dice el precepto, “quien vive por principios, repudia el mal, el orgullo, la arrogancia, la corrupción y el engaño de toda clase y naturaleza.”  Quien vive por principios es predecible en sus palabras y hechos; no tiene ninguna clase de concesiones o convenios con alguien en particular; ni ninguna clase de excepción, mucho menos, con aquellos que los niegan.

En un escenario democrático, se ofrecen las condiciones para escribir nuevas páginas de la historia, porque la pasada, ya no se puede borrar ni reescribir; pero si se pueden emprender procesos de cambio, que tienen como punto de partida, por lo menos una decisión, no seguir en lo mismo.

El pueblo tiene el poder soberano de elegir, de definir en manos de quienes van a estar los destinos de un país; son los ciudadanos de bien, aquellos que no se dejan polarizar ni intimidar; aquellos que no se prestan para el juego de la politiquería, sino que aprovechan el poder democrático de votar, para hacer su mejor elección.




martes, 13 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 14 DE 2015

“La sabiduría y el buen juicio viven juntos, porque la
Sabiduría sabe donde descubrir conocimientos y
La comprensión.”
Proverbios 8:12

La ingenuidad no es un rasgo o una característica de la inteligencia, más bien es una señal de torpeza. Hay personas que pasan por ingenuos y pecan por cándidos. Si algo caracteriza nuestro ancestro indígena es la malicia, pero el ingenuo carece de madurez en el modo de pensar. Si usted es ingenuo, contrarreste con ingenio y sagacidad.

Esto nos recuerda el “síndrome del escorpión”; es la historia de un ingenuo ratón y de un avezado y sagaz escorpión.  Ambos intentaban cruzar el rio, ir de una orilla a otra.  El temible escorpión prometió al ingenuo ratón perdonarle la vida, si lo llevaba a cuestas hasta la otra orilla.

Por supuesto, que a pesar de su ingenuidad, candidez y torpeza, el ratón sospechaba las oscuras intenciones que entrañaba el escorpión; pero era tal la insistencia del intimidante arácnido, que finalmente logró convencer al intimidado roedor, quien accedió llevarlo hasta la otra orilla.

Comenzaron a nadar hacia el otro lado, cruzando el rio, el ratón llevaba en sus lomos al escorpión, quien al aproximarse a tierra, y sabiendo que estaba seguro, el feroz insecto, desenfundó su temible aguijón, hiriendo mortalmente al ratón, que adolorido y decepcionado no salía de su asombro.

Lamentándose de su desdichada suerte, y adolorido no solo por la herida causada por la ponzoña envenenada, sino por el dolor de haber sido traicionado en su confianza, le decía: “¿Cómo pudiste hacerlo, si lo prometiste?”  Y con imperturbable frialdad, respondió: “Está en mi naturaleza, no puede evitarlo.”

El ratón representa a todos aquellos ingenuos y cándidos personajes, que se atreven a hacer negocios con temibles escorpiones, que les aventajan de lejos en astucia y sagacidad, y que a pesar de sus promesas, no desaprovechan la primera oportunidad para poner al descubierto su afilada ponzoña dispuesta e imparable para dañar.

Cuantos gobiernos, pasan por lo mismo, con ingenuos procederes que se dejan seducir y convencer por los ponzoñosos escorpiones, venenosas cascabeles, áspides al acecho, cocodrilos traicioneros zambullidos en su pantano; peligros tigres y sagaces hienas que prometen no hacer daño, pero resulta que está en su naturaleza.

Ni siquiera que hay que dudarlo, una vez que están del otro lado, que han llegado a un punto donde se sienten seguros y a salvo, no dudarán en volver a sacar su temible aguijón, olvidando toda promesa; porque según dicen, es su naturaleza y no pueden evitarlo.

La sabiduría siempre va acompañada del buen juicio; de esa manera una persona puede tener conocimiento y comprensión de comportamientos y  de los acontecimientos; las conductas de las personas, y los aconteceres de las circunstancias, pudiendo valorar y evaluar cada situación y tomar la mejor decisión.


REFLEXIÓN ENERO 13 DE 2015

“Hijo mío, sigue mi consejo; tenlo presente siempre,
cúmplelo.  Obedéceme y vivirás. Guarda mis palabras
 como  tu especial  tesoro.  Escríbelas y atesóralas en lo 
profundo de tu corazón.  Ama la sabiduría como una
novia; conviértela en estimado pariente tuyo.”
Proverbios 7:1-4

¿Quién se duele y sufre por las caídas y errores de sus hijos como sus padres? A nadie le duele más, sino a quien les ha llevado en sus entrañas. ¿Acaso no es el deseo de los padres hacia sus hijos, que éstos gocen de bienestar y calidad de vida, que progresen y les vaya bien en todo aquello que emprendan?

Sin embargo, en el mundo hay muchos peligros.  Una de las razones por las cuales los padres temen que sus hijos abandonen su casa, es por su estado de indefensión, que según ellos, sus hijos siguen siendo unos niños, y en consecuencia, y en consecuencia necesitan de la protección (en algunos casos sobreprotección) de sus padres.

Y aunque en muchos casos, los consejos de los padres están mediados por sus afectos, sentimientos y propias inseguridades, no es el caso de lo que hemos leído; porque esta vez, no es la expresión de los sentimientos sobreprotectores de los padres sino una exhortación basada en los principios para aprender a vivir.

Lo hermoso de la enseñanza, está en el reconocimiento que hacen los padres, que solo hay una forma en que el hijo esté seguro, y es que aprenda a valerse por sí mismo y a cuidar de sí mismo, en la medida en que es fiel a las enseñanzas recibidas; son los principios los que le guardarán y le mantendrán lejos de los peligros y de caer.

Hay dos caminos que el joven puede tomar: Obedecer el consejo que lo llevará por el camino seguro de la vida; u Obedecer el impulso sexual que lo llevará invariablemente a una caída y a las consecuencias derivadas de la misma. Quien entra y se presta para el juego seductor, difícilmente saldrá de el.

La tentación es como un poderoso alucinógeno, que al caer bajo su poder e influjo, lleva a la persona a abandonar toda sensatez y cordura, y la persona se deja llevar, carente de todo discernimiento y raciocinio, sin ningún poder volitivo para renunciar, como una ingenua presa, vencida finalmente por su hábil y astuto cazador.

“Así lo sedujo, con sus mimos y zalamerías, hasta que él se le entregó.  No pudo resistir a las lisonjas de ella.  La siguió como buey al carnicero, o como siervo atrapado en espera de la flecha que le traspase el corazón.  Era como el pájaro que va derecho al lazo, sin saber que le espera.”

La falsa liberalidad de la cual presumen muchos, no es otra cosa, que una vida de desenfreno e irresponsabilidad; usan sus argumentos para hacer sentir mal a quienes se resisten a ceder a sus propuestas; se refieren a la moral y a la espiritualidad como algo alienante y coercitivo de la libertad, que está replanteado por la modernidad.

Las palabras que escribe Salomón, no solo representan el sentir de los padres, sino que tiene como trasfondo los principios morales y espirituales para una vida sana, integra, irreprochable. Basta una sencilla comparación entre la vida que lleva una persona que se atempera a estos principios y quien se deja llevar por el desenfreno.

Dice Salomón, “Escúchenme, jóvenes, y obedézcanme.  Que sus deseos no se desborden; no te des a pensar en ella.  No te acerques; mantente lejos de los sitios que ella frecuenta, no sea que te tiente y te seduzca.   Ella ha sido la ruina de muchísimos; una legión de hombres han sido sus víctimas. Si lo que buscas es el camino del infierno, ve a casa de ella.”