martes, 13 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 13 DE 2015

“Hijo mío, sigue mi consejo; tenlo presente siempre,
cúmplelo.  Obedéceme y vivirás. Guarda mis palabras
 como  tu especial  tesoro.  Escríbelas y atesóralas en lo 
profundo de tu corazón.  Ama la sabiduría como una
novia; conviértela en estimado pariente tuyo.”
Proverbios 7:1-4

¿Quién se duele y sufre por las caídas y errores de sus hijos como sus padres? A nadie le duele más, sino a quien les ha llevado en sus entrañas. ¿Acaso no es el deseo de los padres hacia sus hijos, que éstos gocen de bienestar y calidad de vida, que progresen y les vaya bien en todo aquello que emprendan?

Sin embargo, en el mundo hay muchos peligros.  Una de las razones por las cuales los padres temen que sus hijos abandonen su casa, es por su estado de indefensión, que según ellos, sus hijos siguen siendo unos niños, y en consecuencia, y en consecuencia necesitan de la protección (en algunos casos sobreprotección) de sus padres.

Y aunque en muchos casos, los consejos de los padres están mediados por sus afectos, sentimientos y propias inseguridades, no es el caso de lo que hemos leído; porque esta vez, no es la expresión de los sentimientos sobreprotectores de los padres sino una exhortación basada en los principios para aprender a vivir.

Lo hermoso de la enseñanza, está en el reconocimiento que hacen los padres, que solo hay una forma en que el hijo esté seguro, y es que aprenda a valerse por sí mismo y a cuidar de sí mismo, en la medida en que es fiel a las enseñanzas recibidas; son los principios los que le guardarán y le mantendrán lejos de los peligros y de caer.

Hay dos caminos que el joven puede tomar: Obedecer el consejo que lo llevará por el camino seguro de la vida; u Obedecer el impulso sexual que lo llevará invariablemente a una caída y a las consecuencias derivadas de la misma. Quien entra y se presta para el juego seductor, difícilmente saldrá de el.

La tentación es como un poderoso alucinógeno, que al caer bajo su poder e influjo, lleva a la persona a abandonar toda sensatez y cordura, y la persona se deja llevar, carente de todo discernimiento y raciocinio, sin ningún poder volitivo para renunciar, como una ingenua presa, vencida finalmente por su hábil y astuto cazador.

“Así lo sedujo, con sus mimos y zalamerías, hasta que él se le entregó.  No pudo resistir a las lisonjas de ella.  La siguió como buey al carnicero, o como siervo atrapado en espera de la flecha que le traspase el corazón.  Era como el pájaro que va derecho al lazo, sin saber que le espera.”

La falsa liberalidad de la cual presumen muchos, no es otra cosa, que una vida de desenfreno e irresponsabilidad; usan sus argumentos para hacer sentir mal a quienes se resisten a ceder a sus propuestas; se refieren a la moral y a la espiritualidad como algo alienante y coercitivo de la libertad, que está replanteado por la modernidad.

Las palabras que escribe Salomón, no solo representan el sentir de los padres, sino que tiene como trasfondo los principios morales y espirituales para una vida sana, integra, irreprochable. Basta una sencilla comparación entre la vida que lleva una persona que se atempera a estos principios y quien se deja llevar por el desenfreno.

Dice Salomón, “Escúchenme, jóvenes, y obedézcanme.  Que sus deseos no se desborden; no te des a pensar en ella.  No te acerques; mantente lejos de los sitios que ella frecuenta, no sea que te tiente y te seduzca.   Ella ha sido la ruina de muchísimos; una legión de hombres han sido sus víctimas. Si lo que buscas es el camino del infierno, ve a casa de ella.”


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