“No te niegues a hacer el bien a quién es
debido cuando tuvieres poder para hacerlo.
No digas a tu prójimo: Anda y vuelve y mañana
te
daré, cuando tuvieres contigo que darle.”
Proverbios 4:27-28
Dice el adagio: “haz el bien sin mirar a
quien.” Dando a entender que la ayuda al prójimo, debe ser una acción generosa
y amorosa, que se hace de manera voluntaria, oportuna y desinteresada. Infortunadamente,
nos hemos levantado en una cultura que siempre está esperando recibir algo a
cambio por lo que da.
Todas las personas estamos en capacidad
de dar algo, aunque lo que más nos cuesta es darnos a nosotros mismos. El principio del dar en aplicación es dar y
darse; sin embargo, al observar la conducta social, encontramos una serie de
razones que argumentan las personas, y que limitan su capacidad de dar.
Las personas creen que tienen poco o
nada que dar; desconocen o subestiman su capacidad de dar y ayudar; o piensan
que lo que pueden ofrecer no resuelve de manera efectiva o definitiva una
necesidad, olvidan que toda ayuda que ofrezcan, sin importar qué o cuánto, es
un aporte valioso que hace parte de la solución.
La gente piensa que no vale la pena dar
ni ayudar, dejándose llevar por la creencia que las personas no aprecian la
ayuda que se les brinda, y que actúan de manera ingrata o desagradecida. Si bien, muchos adoptan una actitud de
ingratitud, no todas las personas son desagradecidas, y sería injusto, medir a
todos con la misma medida.
Las personas piensan que la ayuda que en
realidad se aprecia o valora más es la material; olvidan o desconocen que hay
una ayuda que resulta mucho más
importante y significativa, como es el apoyo moral, afectivo y espiritual. Hay personas que se limitan a dar dinero, y
lo hacen, sin expresiones de afecto y respeto por la otra persona.
La gente está pensando en recibir antes
que en dar; la mayoría de las personas tienen centrada la atención en ellos y
no en otros; son oportunistas piensan en que provecho pueden sacar de los demás, pero no en que
aporte pueden hacer a otros; sin embargo, invertir en lo social, siempre
obtendrá dividendos de personas agradecidas.
Las personas creen que si dan hoy,
mañana les va a faltar; olvidan que existe la ley de la siembra, y todo lo que
se siembra se cosecha. El dar es un
principio que está sustentado en las dos fuerzas que mueven a la humanidad, el
amor y la fe; y todo lo que sembramos con amor y fe, un día lo vamos a
cosechar.
Este mundo sería mucho mejor, si cada
persona pensara mas en dar que en recibir; mas en compartir que en guardar; mas
en apoyar que en quitar; si cada uno se propusiera hacer al menos una buena
acción cada día; no así quien dice: “anda y vuelve, y mañana te daré, cuando
tiene con que dar.”
Actuar de esa manera no solo es egoísta,
sino engañoso. De los abuelos
aprendimos, “hoy por ti, mañana por mí”; porque así es la vida; a quien usted
le da la mano hoy, esa misma persona o alguien más lo hará por usted, o por uno
de los suyos, Todo lo que a la vida le
damos, la vida se encarga de devolver o retribuir.
¿Cuál es la buena acción que tenemos
para este día? Como exploradores aprendimos que cada día es una oportunidad
para hacer una buena acción. Haga del tiempo
un aliado, y si usted se lo propone de corazón,
hallará una oportunidad para hacerlo y de esa manera estaremos contribuyendo al
progreso de la humanidad.
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