viernes, 9 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 10 DE 2015

“No te niegues a hacer el bien a quién es
debido cuando tuvieres poder para hacerlo.
No digas a tu prójimo: Anda y vuelve y mañana te
daré, cuando tuvieres contigo que darle.”
Proverbios 4:27-28

Dice el adagio: “haz el bien sin mirar a quien.” Dando a entender que la ayuda al prójimo, debe ser una acción generosa y amorosa, que se hace de manera voluntaria, oportuna y desinteresada. Infortunadamente, nos hemos levantado en una cultura que siempre está esperando recibir algo a cambio por lo que da.

Todas las personas estamos en capacidad de dar algo, aunque lo que más nos cuesta es darnos a nosotros mismos.  El principio del dar en aplicación es dar y darse; sin embargo, al observar la conducta social, encontramos una serie de razones que argumentan las personas, y que limitan su capacidad de dar.

Las personas creen que tienen poco o nada que dar; desconocen o subestiman su capacidad de dar y ayudar; o piensan que lo que pueden ofrecer no resuelve de manera efectiva o definitiva una necesidad, olvidan que toda ayuda que ofrezcan, sin importar qué o cuánto, es un aporte valioso que hace parte de la solución.

La gente piensa que no vale la pena dar ni ayudar, dejándose llevar por la creencia que las personas no aprecian la ayuda que se les brinda, y que actúan de manera ingrata o desagradecida.  Si bien, muchos adoptan una actitud de ingratitud, no todas las personas son desagradecidas, y sería injusto, medir a todos con la misma medida.

Las personas piensan que la ayuda que en realidad se aprecia o valora más es la material; olvidan o desconocen que hay una ayuda que  resulta mucho más importante y significativa, como es el apoyo moral, afectivo y espiritual.  Hay personas que se limitan a dar dinero, y lo hacen, sin expresiones de afecto y respeto por la otra persona.

La gente está pensando en recibir antes que en dar; la mayoría de las personas tienen centrada la atención en ellos y no en otros; son oportunistas piensan en que provecho  pueden sacar de los demás, pero no en que aporte pueden hacer a otros; sin embargo, invertir en lo social, siempre obtendrá dividendos de personas agradecidas.

Las personas creen que si dan hoy, mañana les va a faltar; olvidan que existe la ley de la siembra, y todo lo que se siembra se cosecha.  El dar es un principio que está sustentado en las dos fuerzas que mueven a la humanidad, el amor y la fe; y todo lo que sembramos con amor y fe, un día lo vamos a cosechar.

Este mundo sería mucho mejor, si cada persona pensara mas en dar que en recibir; mas en compartir que en guardar; mas en apoyar que en quitar; si cada uno se propusiera hacer al menos una buena acción cada día; no así quien dice: “anda y vuelve, y mañana te daré, cuando tiene con que dar.”

Actuar de esa manera no solo es egoísta, sino engañoso.  De los abuelos aprendimos, “hoy por ti, mañana por mí”; porque así es la vida; a quien usted le da la mano hoy, esa misma persona o alguien más lo hará por usted, o por uno de los suyos,  Todo lo que a la vida le damos, la vida se encarga de devolver o retribuir.


¿Cuál es la buena acción que tenemos para este día? Como exploradores aprendimos que cada día es una oportunidad para hacer una buena acción.  Haga del tiempo un aliado,  y si usted se lo propone de corazón, hallará una oportunidad para hacerlo y de esa manera estaremos contribuyendo al progreso de la humanidad.

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