martes, 6 de enero de 2015

REFLEXIONES ENERO 7 DE 2014

“Fíjate dos metas: La sabiduría, es decir,
El saber y hacer lo reto; y el sentido común.
No permitas que se te escapen, porque ellas
Te llenan de energía viva y son el adorno
 A tu personalidad.  Te libran de la derrota y del
Desastre, y de tropezar y extraviarte del sendero.”
Proverbios 3:21-23

Considere los enormes beneficios que conlleva actuar con sabiduría y con sentido común; lo llenan de energía viva y son adorno a la personalidad; además libran de la derrota, el desastre, de tropezar y extraviarse del camino. ¿Acaso no son razones más que suficientes y valederas para seguir el consejo Salomónico?

Dice el proverbio oriental: “cuando pierdas de vista el camino, vuelve al principio, vuelve a empezar.” Siempre que busquemos el origen de todas las cosas, que volvamos a lo básico y fundamental, a lo esencial y significativo, invariablemente nos vamos a topar con la sabiduría; cuando nos despojamos mental, emocional y espiritualmente.

Si la sabiduría es saber y hacer las cosas recta y correctamente, es por tanto, la esencia para aprender a vivir.  La necedad es exactamente lo contrario.  Una persona necia es aquella que se resiste a reconocer la sabiduría e insiste en hacer su voluntad o dejarse llevar de su parecer; haciendo todo al revés y no al derecho como debe ser.

Una persona necia es quien cierra sus ojos, oídos y corazón al consejo sabio; está dejando que su naturaleza indomable tome las riendas del asunto y le arrastre llevado sin frenos, por una senda sin retorno.  Una persona insensata es quien sabe hacer lo correcto, pero semejante al necio, no lo hace.

Así se comporta quien se deja arrastrar por sus instintos y pasiones; quien se deja llevar por sus impulsos, apetitos básicos y emociones fuera de control.  Así actúa, quien permite que las personas y las circunstancias tomen el control y no hace nada al respecto para regularse antes las presiones y tensiones de la vida.

Quien actúa de esa manera, no lo hace bajo el influjo de la sabiduría, sino bajo una descarga de pensamientos y emociones desordenadas, desorientadas, desenfrenadas.  Es en medio de la pausa, y de la calma, de la tranquilidad de espíritu, que fluye la sabiduría como el agua del manantial que emerge de la roca en su yacimiento.

Surge como la primera luz del día, que supera la oscuridad nocturna y advierte o avisa que está pronto a amanecer, trayendo la completa claridad tan anhelada.  La sabiduría surge como un destello que poco a poco va llenando todo con su luz y de brillo, premiando a quien la acoge como a una joya preciosa.

Quien calla, ha entendido que el sabio cierra sus labios y oídos a las tonterías y banalidades; y solo los abre para recibir las gotas de sabiduría, que en realidad son raudales y caudales de inteligencia, que nos conducen por una senda emocionante, llena de experiencias fructíferas.


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