“La ciudad entera celebra el éxito del hombre
Bueno e igualmente la muerte del impío.”
Proverbios 11:10
Definitivamente el tema de la muerte es
muy complejo, y sería atrevido invitar a celebrar cuando alguien muere, así en
vida, haya sido el más terrible y perverso de los impíos; porque en todo caso,
para alguien pudo ser una persona querida o estimada. Aunque algunos, sin duda sentirán algún tipo
de alivio.
Sin embargo hay un tipo de muerte que
puede resultar mucho mas benéfica para un país, que la muerte física, y es la
muerte política, que está dentro de los términos de la ley, y según el régimen
de incompatibilidades e inhabilidades, para acceder a cargos de elección popular;
y en algunos casos, según un orden ético, a cargos públicos.
La muerte política, que a propósito, no
es que mueran los políticos, ni sean dañados en su integridad física; sino que
dejen de tener una vida pública nacional; que sean impedidos de ejercer el
noble derecho de ser elegidos, debido a que no estuvieron a la altura de la
investidura que se le otorgó.
Quienes al juzgar por sus hechos, se
hallan evidencias que han traicionado la fe y confianza de un pueblo, de sus
electores, violando la ley y burlándose del país, de la democracia, siendo
negligentes, incompetentes, y que no han sabido corresponder con
responsabilidad a la dignidad conferida.
En ese sentido, la muerte política es
necesaria, y por ningún motivo esto debe perderse; además que resulta tan
inaudito absolver a un corrupto, como a cualquier delincuente que haya cometido
un crimen contra la sociedad. El problema es que la culpa es compartida, ya que
está quien paga por la peca, como quien peca por la paga.
¿Es posible que una persona experimente
una autentica conversión y se convierta en un hombre nuevo y abandone sus
antigua practicas? Por supuesto que si, pero debe dar muestras de ello, Esto no significa que se absuelto o no
responda por sus acciones al margen de la ley.
Quien reclama derechos, debe cumplir sus deberes.
Por supuesto, que no son pocos los casos
de personas que habiendo vivido perdidamente, le dieron una re orientación a su
vida, dejaron su antigua manera de vivir, para convertirse en personas de
bien. En este sentido, la sociedad debe
brindar la posibilidad de integrarse a una dinámica ética y responsable, a
quien dé muestras de cambio.
Lo contradictorio está en cambiar,
acomodar, o corromper la ley para absolver impunemente a una persona, que a cambio
de dársele tratos preferenciales, se le debe aplicar todo el peso de la ley, como
una medida ejemplarizante para aquellos que siguen creyendo en los manejos oscuros,
y en el tráfico de influencias.
Siempre es grato celebrar, como es el caso
del hombre de bien que a base de esfuerzo, disciplina, trabajo y honestidad se forja
su propio progreso. Pero, como celebrar el
triunfo de una persona que lo ha conseguido a base de mentiras, engaños y comprando
conciencias. Aquellos que a motu proprio, están cavando su propia fosa.
Lamentablemente en muchos casos, no se juzga
a un hombre solo por sus hechos, sino por las acciones de quienes lo asesoran o
rodean; es el caso de dirigentes que cuentan con asesores que se aprovechan de su
ingenuidad o ignorancia. En todo caso, quien tiene la autoridad, tiene la responsabilidad
y debe dar cuenta de sus actos.
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