sábado, 10 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 11 DE 2015

“Escúchame hijo mío.  Yo sé lo que digo.
 ¡Escúchame! Ten cuidado, no sea que
 indiscretamente reveles algún dato
 importantísimo.”
Proverbios 5:1

El arte de la comunicación apela a la virtud de la prudencia.  En el mucho hablar se yerra, se cometen errores; se dice o se expresa más de la cuenta; más de lo que realmente cuenta.  Hay personas que aman el mucho hablar, y no han comprendido que es de sabios hablar poco y oír más.

¿Cuántas veces por falta de dominio propio se dicen imprudencias, improperios, insultos, o se revelan intimidades que pueden desencadenar rencillas, herir la susceptibilidad de las personas, causar daños y perjuicios a otros, que pueden resultar irreparables, y luego hay que lamentar y cuesta mucho recomponer o resarcir.

Ya hemos citado, que el ser humano “es amo de lo que calla y esclavo de lo que habla.” Aprender a escuchar y aprender a callar es de sabios y se convierte en una de las disciplinas más importantes para alcanzar la sabiduría.  No saber escuchar y hablar más de la cuenta, es una demostración de necedad.

Algunas personas, parecieran que tuvieran la “lengua desconectada del cerebro”, ya que actúan impulsivamente, y se dejan llevar por la habladuría, que citando un proverbio, “a algunos les parece pan sabroso, pero en realidad es pan de cascajo.” Que es como tener pedazos de piedra en la boca, lo cual no es nada agradable.

También dice el manual de vida, “Pero sea vuestro hablar: Si, sí; no, no;  porque lo que es mas de esto, de mal procede.” Es el caso de las personas que hablan más de lo que deben, sus ideas no son claras, dicen algo y luego se contradicen; dan sus opiniones sobre un tema y más tarde se retractan de lo que han dicho o afirmado.

Existen innumerables recomendaciones para aprender el sabio arte de la prudencia en el hablar: Hable menos, escuche más; piense antes de hablar; es mejor callar que errar; evite hablar de lo que no sabe o no está autorizado para hacerlo; prefiera ser confiable a confidente; no averigüe chismes, así le indaguen, sepa callar.

Ahórrese comentarios sobre temas que interfieren en la privacidad o invaden la intimidad de las personas; evite dar opiniones o hacer comentarios sobre situaciones o decisiones que no les tan pidiendo; ahórrese el tener que rendir cuentas o dar explicaciones por ponerse hablar sobre un asunto y con alguien que no debía.

Ser una persona prudente, no significa convertirse en alguien hermético o silencioso; tampoco se trata de andar prevenido o distante de los demás.  La clave está en evitar entrar en terrenos espinosos, que pueden poner al descubierto la intimidad o la confidencialidad de las personas.

La prudencia nos ayuda a evitar caer en situaciones comprometedoras; usted siempre podrá desistir de enredarse en conversaciones o discusiones que no edifican sino que promueven rencillas.  Prefiera temas y ambientes sanos, que promueven buenas costumbres, alientan los ánimos y fortalecen las relaciones.


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