“Escúchame hijo mío. Yo sé lo que digo.
¡Escúchame! Ten cuidado, no sea que
indiscretamente reveles algún dato
importantísimo.”
Proverbios 5:1
El arte de la comunicación apela a la
virtud de la prudencia. En el mucho
hablar se yerra, se cometen errores; se dice o se expresa más de la cuenta; más
de lo que realmente cuenta. Hay personas
que aman el mucho hablar, y no han comprendido que es de sabios hablar poco y
oír más.
¿Cuántas veces por falta de dominio
propio se dicen imprudencias, improperios, insultos, o se revelan intimidades
que pueden desencadenar rencillas, herir la susceptibilidad de las personas, causar
daños y perjuicios a otros, que pueden resultar irreparables, y luego hay que
lamentar y cuesta mucho recomponer o resarcir.
Ya hemos citado, que el ser humano “es amo
de lo que calla y esclavo de lo que habla.” Aprender a escuchar y aprender a
callar es de sabios y se convierte en una de las disciplinas más importantes
para alcanzar la sabiduría. No saber
escuchar y hablar más de la cuenta, es una demostración de necedad.
Algunas personas, parecieran que
tuvieran la “lengua desconectada del cerebro”, ya que actúan impulsivamente, y
se dejan llevar por la habladuría, que citando un proverbio, “a algunos les
parece pan sabroso, pero en realidad es pan de cascajo.” Que es como tener
pedazos de piedra en la boca, lo cual no es nada agradable.
También dice el manual de vida, “Pero
sea vuestro hablar: Si, sí; no, no;
porque lo que es mas de esto, de mal procede.” Es el caso de las
personas que hablan más de lo que deben, sus ideas no son claras, dicen algo y
luego se contradicen; dan sus opiniones sobre un tema y más tarde se retractan
de lo que han dicho o afirmado.
Existen innumerables recomendaciones
para aprender el sabio arte de la prudencia en el hablar: Hable menos, escuche más;
piense antes de hablar; es mejor callar que errar; evite hablar de lo que no
sabe o no está autorizado para hacerlo; prefiera ser confiable a confidente; no
averigüe chismes, así le indaguen, sepa callar.
Ahórrese comentarios sobre temas que
interfieren en la privacidad o invaden la intimidad de las personas; evite dar
opiniones o hacer comentarios sobre situaciones o decisiones que no les tan
pidiendo; ahórrese el tener que rendir cuentas o dar explicaciones por ponerse
hablar sobre un asunto y con alguien que no debía.
Ser una persona prudente, no significa
convertirse en alguien hermético o silencioso; tampoco se trata de andar
prevenido o distante de los demás. La
clave está en evitar entrar en terrenos espinosos, que pueden poner al descubierto
la intimidad o la confidencialidad de las personas.
La prudencia nos ayuda a evitar caer en
situaciones comprometedoras; usted siempre podrá desistir de enredarse en
conversaciones o discusiones que no edifican sino que promueven rencillas. Prefiera temas y ambientes sanos, que promueven
buenas costumbres, alientan los ánimos y fortalecen las relaciones.
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