“En todo lo que hagas, pon a Dios en primer
lugar,
Y El te guiará, y coronará de éxito tus
esfuerzos.”
Proverbios. 3:6
La más grande contradicción que ha
sufrido Colombia, conocido como el país del “sagrado corazón de Jesús”, fue
haber sacado a Dios de la Constitución, desde entonces y como un fenómeno extraño
de tipo espiritual y social, observamos que la crisis se ha encrudecido,
extendido y agudizado.
En Colombia existe un serio problema de
desplazamiento, y el primero en haber sido desplazado del lugar que le
correspondía, ha sido Dios mismo. Para el común de las personas, sus principios
y prioridades ya no coinciden con aquel fervor y espiritualidad que nos distinguía.
Lamentablemente, priman los intereses
particulares, las posiciones personales y se menosprecian las creencias y
principios espirituales, que rigen la vida de la personas a nivel individual y
colectivo; estas leyes como sucede con las físicas y naturales, se pueden
ignorar, pero de ninguna manera invalidar.
No es una casualidad que los pioneros
americanos hayan colocado en sus billetes, “In
God we Trust” (En Dios confiamos), la primera aparición en una moneda fue
en 1856; es el lema nacional, sustituyendo al clásico “E Pluribus Unum” (De muhos, uno) y resulta tan intocable como la
bandera o el águila calva del escudo.
¿Cuál es el problema que se elija
primero a Dios, antes que cualquier otro gobernante como testimonio vivo de un
pueblo lleno de fe, valor y entusiasmo? ¿Acaso no sería un buen ejemplo de
parte de los gobernantes que su bitácora de trabajo, estuviera regida por la
Carta Magna de los más elevados principios y valores?
Con la libertad de culto, se creyó en
otorgar a las personas las garantías de una plena y libre expresión de su fe, y
el más amplio ejercicio y practica de sus creencias; pero el fenómeno tomó un
giro inesperado, en las iglesias muchos fieles, dejaron de rendir culto a
Dios, para rendir culto a la política.
El país está en crisis, y la solución
debe comenzar por reconocer que los principios incólumes de la fe, no se
reflejan en la política que se predica ni que se practica; no se reflejan en
las leyes, ni en la vida de los que legislan; como tampoco en el común de la
personas, que han dejado su fe y temor reverente.
Pero todo aquel, que ponga a Dios en
primer lugar, no solo como una fe persona e interna, sino como un testimonio
vivo, basado en hechos, en los cuales, se acompañe la fe con obras, quien haga
esto, no hay duda, que será considerada una persona sabia, cuyas acciones estarán
seguidas de logros, frutos y resultados indiscutibles.
La mayoría de los detractores de la fe,
ignoran que las personas más influyentes y que han hecho un mayor aporte a la
humanidad, a través de la historia, han sido hombres y mujeres que pusieron a
Dios en primer lugar; y los que mayor mal han causado, son precisamente,
aquellos que hicieron todo lo contrario.
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