domingo, 4 de enero de 2015

REFLEXION ENERO 5 de 2014

“En todo lo que hagas, pon a Dios en primer lugar,
Y El te guiará, y coronará de éxito tus esfuerzos.”
Proverbios. 3:6

La más grande contradicción que ha sufrido Colombia, conocido como el país del “sagrado corazón de Jesús”, fue haber sacado a Dios de la Constitución, desde entonces y como un fenómeno extraño de tipo espiritual y social, observamos que la crisis se ha encrudecido, extendido y agudizado.

En Colombia existe un serio problema de desplazamiento, y el primero en haber sido desplazado del lugar que le correspondía, ha sido Dios mismo. Para el común de las personas, sus principios y prioridades ya no coinciden con aquel fervor y espiritualidad que nos distinguía.

Lamentablemente, priman los intereses particulares, las posiciones personales y se menosprecian las creencias y principios espirituales, que rigen la vida de la personas a nivel individual y colectivo; estas leyes como sucede con las físicas y naturales, se pueden ignorar, pero de ninguna manera invalidar.

No es una casualidad que los pioneros americanos hayan colocado en sus billetes, “In God we Trust” (En Dios confiamos), la primera aparición en una moneda fue en 1856; es el lema nacional, sustituyendo al clásico “E Pluribus Unum” (De muhos, uno) y resulta tan intocable como la bandera o el águila calva del escudo.

¿Cuál es el problema que se elija primero a Dios, antes que cualquier otro gobernante como testimonio vivo de un pueblo lleno de fe, valor y entusiasmo? ¿Acaso no sería un buen ejemplo de parte de los gobernantes que su bitácora de trabajo, estuviera regida por la Carta Magna de los más elevados principios y valores?

Con la libertad de culto, se creyó en otorgar a las personas las garantías de una plena y libre expresión de su fe, y el más amplio ejercicio y practica de sus creencias; pero el fenómeno tomó un giro inesperado, en las iglesias muchos fieles, dejaron de rendir culto a Dios, para rendir culto a la política.

El país está en crisis, y la solución debe comenzar por reconocer que los principios incólumes de la fe, no se reflejan en la política que se predica ni que se practica; no se reflejan en las leyes, ni en la vida de los que legislan; como tampoco en el común de la personas, que han dejado su fe y temor reverente.

Pero todo aquel, que ponga a Dios en primer lugar, no solo como una fe persona e interna, sino como un testimonio vivo, basado en hechos, en los cuales, se acompañe la fe con obras, quien haga esto, no hay duda, que será considerada una persona sabia, cuyas acciones estarán seguidas de logros, frutos y resultados indiscutibles.

La mayoría de los detractores de la fe, ignoran que las personas más influyentes y que han hecho un mayor aporte a la humanidad, a través de la historia, han sido hombres y mujeres que pusieron a Dios en primer lugar; y los que mayor mal han causado, son precisamente, aquellos que hicieron todo lo contrario.


No hay comentarios:

Publicar un comentario