lunes, 5 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 6 DE 2015

“La sabiduría es árbol de vida para quienes
 Comen de su fruto.  Dichoso el hombre que
Continuamente come de él.”
Proverbios. 3:18

En medio de un ambiente caldeante y candente, donde es común tomar decisiones apresuradas y acaloradas, motivados por el inmediatismo, el urgentismo, los afanes y las preocupaciones; (nada menos aconsejable que eso, que apresurarse) en ese modus operandi tan común, la gran ausente es la sabiduría.

¿Qué es la sabiduría? Es la certidumbre de actuar sin temor a equivocarse, sin incurrir en el error. ¿Acaso esto es posible? Sí, siempre que se tomen las decisiones acertadas y se sigan las instrucciones precisas.  Hay que diferenciar actuar con error, de obtener resultados. El asunto es hacer lo correcto.

La sabiduría es saber decidir las cosas rectas y hacerlas de la manera correcta. Si usted hace las cosas bien, le tienen que salir bien, y así los resultados esperados no se den, usted sabe que hizo lo correcto.  Pero qué difícil es conseguir los resultados esperados, cuando se deja de lado el sentido común, que es el más común de los sentidos.

Dirigir nuestra vida de manera sabia y prudente, nos servirá para conducirnos por la vida por un camino seguro y confiable; no así quien actúa de manera impetuosa, llevado por sus emociones e impulsos, lo cual genera temor, desconfianza, incertidumbre.  Una persona sabia tiene claridad de pensamiento y de acción.

La sabiduría adorna y destaca la personalidad de los dirigentes.  Quien no sabe dirigir su propia vida, ¿cómo pretende dirigir a otros? Por su función un líder debe demostrar lucidez mental, equilibrio emocional y empuje interno.  Lo cual transmite a otros con fe, seguridad, confianza y entusiasmo.

Es muy lamentable hacer tropezar a otros por actuar con torpeza; no significa que los lideres sean infalibles, pero deben ser confiables.   Un líder no tiene todas las respuestas, pero debe poseer la humildad de reconocer su ignorancia y la diligencia de preguntar o buscar oportunamente quien le puede dar las respuestas.

Con sabiduría se edifica la casa, se establece la empresa, se afianza la ciudad, se fortalece la comarca, se construye el progreso; no así cuando se actúa de manera precipitada, improvisada, impulsiva, necia, confiada, imprudente y negligente.  Nada resulta más peligroso que un líder impulsado pero desorientado.

Al tomar decisiones, asegúrese de elegir lo recto, y la hora de actuar, cerciórese de hacer lo correcto.  En la vida, es mejor dar un paso para atrás para luego dar dos adelante; que disimular el error el que se está incurriendo por orgullo personal o soberbia, sabiendo que más adelante las consecuencias de esta actitud serán inevitables.

Hay personas que tienen muy buenas intenciones pero fallan en sus aplicaciones.  De nada sirven las buenas intensiones sino se manejan las tensiones. Tan importantes como las metas, son los métodos que se utilicen.  Y en todo caso, nada es comparable a tener a la sabiduría, la discreción y la prudencia como mejores aliados.



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