“La sabiduría es árbol de vida para quienes
Comen
de su fruto. Dichoso el hombre que
Continuamente come de él.”
Proverbios. 3:18
En medio de un ambiente caldeante y
candente, donde es común tomar decisiones apresuradas y acaloradas, motivados
por el inmediatismo, el urgentismo, los afanes y las preocupaciones; (nada
menos aconsejable que eso, que apresurarse) en ese modus operandi tan común, la
gran ausente es la sabiduría.
¿Qué es la sabiduría? Es la certidumbre
de actuar sin temor a equivocarse, sin incurrir en el error. ¿Acaso esto es
posible? Sí, siempre que se tomen las decisiones acertadas y se sigan las
instrucciones precisas. Hay que
diferenciar actuar con error, de obtener resultados. El asunto es hacer lo
correcto.
La sabiduría es saber decidir las cosas
rectas y hacerlas de la manera correcta. Si usted hace las cosas bien, le
tienen que salir bien, y así los resultados esperados no se den, usted sabe que
hizo lo correcto. Pero qué difícil es
conseguir los resultados esperados, cuando se deja de lado el sentido común,
que es el más común de los sentidos.
Dirigir nuestra vida de manera sabia y
prudente, nos servirá para conducirnos por la vida por un camino seguro y
confiable; no así quien actúa de manera impetuosa, llevado por sus emociones e
impulsos, lo cual genera temor, desconfianza, incertidumbre. Una persona sabia tiene claridad de
pensamiento y de acción.
La sabiduría adorna y destaca la
personalidad de los dirigentes. Quien no
sabe dirigir su propia vida, ¿cómo pretende dirigir a otros? Por su función un
líder debe demostrar lucidez mental, equilibrio emocional y empuje interno. Lo cual transmite a otros con fe, seguridad,
confianza y entusiasmo.
Es muy lamentable hacer tropezar a otros
por actuar con torpeza; no significa que los lideres sean infalibles, pero
deben ser confiables. Un líder no tiene
todas las respuestas, pero debe poseer la humildad de reconocer su ignorancia y
la diligencia de preguntar o buscar oportunamente quien le puede dar las
respuestas.
Con sabiduría se edifica la casa, se
establece la empresa, se afianza la ciudad, se fortalece la comarca, se construye
el progreso; no así cuando se actúa de manera precipitada, improvisada, impulsiva,
necia, confiada, imprudente y negligente. Nada resulta más peligroso que un líder impulsado
pero desorientado.
Al tomar decisiones, asegúrese de elegir
lo recto, y la hora de actuar, cerciórese de hacer lo correcto. En la vida, es mejor dar un paso para atrás para
luego dar dos adelante; que disimular el error el que se está incurriendo por orgullo
personal o soberbia, sabiendo que más adelante las consecuencias de esta actitud
serán inevitables.
Hay personas que tienen muy buenas intenciones
pero fallan en sus aplicaciones. De nada
sirven las buenas intensiones sino se manejan las tensiones. Tan importantes como
las metas, son los métodos que se utilicen. Y en todo caso, nada es comparable a tener a la
sabiduría, la discreción y la prudencia como mejores aliados.
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