martes, 27 de enero de 2015

REFLEXIÓN ENERO 25 DE 2015

“Enemistarse con el vecino es una tontería;
el hombre sensato refrena su lengua.”
Proverbios 11:12

¿En qué se han convertido las cumbres de los presidentes de las naciones? En lanzarse todo tipo de acusaciones, señalamientos, improperios, ofensas, afrentas.  Y si esto sucede en los recintos donde se reúnen los más altos dignatarios de un país, ¿Qué puede esperarse de otros escenarios donde se mueve la gente del común?

Decir la verdad, dar una opinión, formular una idea, observar sobre una propuesta desde la posición y percepción respetable de cada quien, puede hacerse sin tener que atacar u ofender a un homologo.  Estar en desacuerdo no es estar en contra; sin embargo, una mesa de negociación se convierte es un escenario de hostilidades.

Las enemistades solo contribuyen a generar tensiones y fricciones, confusión y malestar; solo sirven para alimentar odios, rencores, rencillas; y en ese sentido, es caer reiteradamente, en uno de los errores históricos que han cometido los dirigentes a lo largo de los siglos, y es alimentar odios y rencores.

Esta es constante desconcertante de los pueblos, enemistarse con el vecino o los vecinos, lo cual solo sirve para crear barreras entre los países y sus gentes; se forman bandos o divisiones, lo que a la postre solo genera crisis y conflictos, pero no soluciones ni avances; y esto es observable en el mapa de la geopolítica mundial.

Y para hacer la situación más crítica, participan de ese juego, los medios de comunicación y agencias de prensa que no reparan en darle protagonismo y difusión a las “bocanadas” y “tonterías”, que desborda en forma incendiaria e irresponsable un dirigente insensato que no es capaz de refrenar su lengua.

Las relaciones diplomáticas contribuyen a que las naciones respeten su soberanía y ayudan a que se facilite la integración entre las naciones para el desarrollo de proyectos globales; pero deben crearse las condiciones de amistad, confianza, y respeto para que estas iniciativas prosperen.

El fenómeno social de las enemistades, también se hace presente en otros niveles de la sociedad, comenzando por las familias, quienes cual “Capuletos y Montescos”, viven su propia tragedia Shakespeariana, reviviendo las diferencias entre familias, y alimentado los odios y rencores que invariablemente, tienen desenlaces lamentables.

Por supuesto que no estamos en contra de la libertad de prensa, de la libre expresión; ni tenemos que aceptar positivamente, y mucho menos, no prestar atención o darle importancia a lo que es violatorio de la ley, los derechos, las libertades humanas, lo que atenta contra la dignidad de las personas o su integridad físicas.

Pero hay que distinguir entre un sano ejercicio de la política y la costumbre malsana del radicalismo, la politiquería, el populismo y el caudillismo que solo conducen a las enemistades entre los pueblos; y en este caso, la importancia de un registro ecuánime y ponderado de los hechos noticioso por parte de los medios de comunicación.


Sin abandonar las convicciones personales, debemos hacer un esfuerzo en conjunto, las diferentes fuerzas vivas, los diversos actores sociales para superar la barrera divisorias, los “muros de Berlín” y trabajar en equipo, como un solo hombre, para sacar adelante proyectos que propenden por el bien general y común.

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